El Callejón del Duende

Nuevamente nos situamos en el barrio del Pópulo. En este caso nos encontramos en las cercanías de la catedral de la ciudad, más concretamente en el “Callejón del duende”. Este pequeño callejón es conocido por su magia. Y realmente, no es casual que se llame así.  Son muchas las historias sobre magia, fantasmas y piratas que de él se cuentan. Incluso se atribuye su nombre a un antiguo pirata al que llamaban “Duende” y del que se dice que practicaba contrabando, siendo este callejón donde llevaba a cabo sus “trapicheos”. Otras historias cuentan que en esta estrecha calle vivía un pequeño  duende que provocaba desgracias en el barrio y que por eso se le encerró tras la verja que ahora da entrada al callejón.

Sin embargo, una de las historia más difundidas no tiene nada que ver con el pirata y hay dos versiones. En ésta primera leyenda que circula por la ciudad sobre el callejón, nos encontramos a un capitán francés que llegó en época napoleónica. Una vez aquí conoció a una bella gaditana de la que quedó prendado. Ella se enamoró de él, a pesar de tener ya un novio. Por ello, éstos amantes se encontraban a escondidas al anochecer en el callejón del duende para dar rienda suelta a su amor. Desgraciadamente, una noche fueron descubiertos por los vecinos, por lo que fueron capturados y sentenciados a muerte.

La segunda leyenda nos cuenta que, efectivamente, había dos amantes pero que su amor era prohibido porque él era un muchacho humilde y ella una muchacha de buena cuna. Se encontraba en este callejón también, sin embargo, en su caso el duendecillo fue el que les descubrió llamando la atención del padre de la muchacha cuando pasaba junto al callejón. Tras ser descubiertos, el padre mandó a su hija a un convento y él fue desterrado.

Fuera como fuere, he aquí el misterio que suscita este pequeño y estrecho callejón. Son muchos los vecinos que aseguran haber visto el fantasma de estos amantes, que incluso después de tantos años, al caer la noche aún se encuentran en el callejón para seguir mostrándose su amor.

Fantasmas en Economía

En 1903 se construye el Hospital de Mora, cuyo edificio es hoy en día la facultad de economía de la facultad de Cádiz. Existen testimonios que afirman que el edificio está encantado, los estudiantes afirman que hay puertas que se cierran solas, llantos de una niña, sombras que atraviesan las puertas… siendo la biblioteca el epicentro de estos sucesos paranormales, donde “habita” una monja con el hábito ensangrentado.

Contaban los familiares de algunos pacientes que no se le daba el cuidado debido a los paciente, incluso llegando a cometerse varias negligencias. Obligaban a los niños a tomar la medicación de forma violenta.

Los miembros de la delegación de alumnos, situada en el sótano del edificio, comentan que se sentían intranquilos, puesto que en este que debería ser un lugar tranquilo y silencioso, se oían comúnmente ruidos extraños. Ni siquiera perros de una empresa de seguridad se atrevían a bajar al sótano por mucho que les obligaran.

Sobre las aulas, una alumna dice: Iba bajando las escaleras junto a unos compañeros y percibí como alguien se dirigía a una de las aulas. Me extrañó que al entrar por la puerta dejara las luces apagadas. Le pregunté a mis compañeros si habían visto a esa persona entrar por aquella puerta y ellos me lo negaron, y me contaban que por allí no había pasado nadie. Quise verlo por mí misma acercándome al aula y pudimos comprobar que allí no había absolutamente nadie y las luces seguían apagadas. Me quedé atónita pero no le quise dar más vueltas e intenté olvidar aquello”.

Aunque es cierto que, por muy interesante que pudiese ser, lo cierto es que por el flujo de alumnos, sería muy complicado atestiguar uno de estos fenómenos, quedando el sótano cómo zona privilegiada para esta aventura.

 

La casa de los espejos

Cuentan algunos gaditanos, cuándo se encontraba la casa abandonada, de haber oído en esta casa los llantos de una niña. Cuenta la historia que un almirante traía a su hija un espejo con cada viaje que hacía, nunca olvidaba traerle el regalo a la niña, por la cual sentía verdadero amor paterno. Una vez que creció, la niña se convirtió en una hermosa joven, provocando que su padre presumiera de ella ante sus amigos y provocando también los celos de su madre, pues su marido la ignoraba y centraba toda su atención en la hija.

Aún después de tantos años, el padre seguía cumpliendo su promesa, hasta dejar su hogar totalmente repleto de espejos. Irritada su mujer, pues había sido consumida por los celos, tomó un frasco de veneno e hizo que su hija lo tomara, la asesinó. La pena consumió al padre, que creyó que su hermosa hija murió a causa de una terrible enfermedad, más un día, su hija se reveló en el reflejo de uno de sus espejos. La niña reveló todo lo ocurrido, apuntando a su madre con un dedo acusador.

Colérico, el marido hizo que su esposa confesara. Murió en la cárcel, condenada a cadena perpetua. En cuanto al almirante, se marchó lejos, lo más lejos que pudo de tanta tragedia, abandonando la casa para siempre. Aún hoy reformada, hay quienes oyen los gritos de la niña, y el llanto del almirante.

La viuda negra

Al parecer y según los relatos más antiguos sobre este espectro es que sería el alma en pena de la que antes fue una mujer, quien estuvo casada y enamorada pero al morir su pareja enloqueció por la tristeza, su corazón se llenó de pena y rabia por haber creído en el amor eterno es por esto decidió vengarse de los hombres. Haciendo un pacto con las fuerzas oscuras su venganza llego a niveles insospechados pues continúa incluso más allá de su muerte.   

“La Viuda Negra” es un ser sobrenatural con muchas descripciones sobre su aspecto, pero casi todas son similares y se la describe como una mujer alta, delgada y que está vestida con un manto negro. Sus apariciones suelen darse en las callejuelas gaditanas solitarias, siempre se la encuentra como ausente o a la espera de algo. Este ente solo se muestra a los hombres, nunca se muestra a las mujeres porque las odia. Se aparece en las callejuelas por la noche y su manto se mueve como si lo moviera el viento aunque no lo haya en ese momento. 

“La Viuda Negra” ataca a los hombres que han engañado a una mujer o la han asesinado para vengar a dichas mujeres. Lo que este espectro hace es aparecerse a los hombres por la noche, los persigue, los acecha para aterrorizarlos y causarles tanto miedo que acaban por enfermar y finalmente con el tiempo mueren consumidos por el miedo. 

Sin embargo, hay otra versión de este mito ya que algunos ancianos de la ciudad de Cádiz afirman que en realidad la Viuda Negra es un grupo de mujeres que para vengarse de sus maridos se disfrazaban de esta manera y salían por la noche para asustarlos y atormentarlos.

Las cuevas de María Moco  

Habría que remontarse mucho en el tiempo para  saber que bajo el suelo de la milenaria ciudad de Cádiz se esconden una toda una red de cuevas y túnele subterráneos que no se sospecha dónde pueden acabar o que ramificaciones tiene aún cegadas. 

De las “Cuevas de María Moco” se ha contado mucho, desde los niños pedidos que encuentran a “doce árabes” reunidos alrededor de una mesa jugando a las cartas, piratas que escondían allí sus fabuloso tesoros o la vía de escape de perseguidos por la justicia o la Inquisición por pillaje o brujería…    

Estas cuevas son conocidas por este nombre porque según la leyenda popular, era el apodo que tenía una mujer que vivía en estos pasadizos cuando dejaron de utilizarse y que según dicen era una bruja que se dedicaba a preparar pócimas, hasta que un día desapareció y nunca más se supo de ella. 

Sin embargo, esta leyenda la siguen utilizando para asustar a los niños diciéndoles que allá moraba una bruja y se los comería si entraban en las cuevas, de esta manera se usa esta leyenda popular para intentar evitar que los niños entren en estas cuevas y se pierdan o les pase algo peor.    

La Niña Momia de Cádiz

Se trataba, hasta ahora, de una leyenda, pero ha resultado ser verdad. Un reciente inventario en el Museo de Cádiz ha permitido redescubrir la momia de una niña hallada en la iglesia de San Lorenzo, de la que hasta ahora nunca se había publicado noticia, aunque en el barrio se hablaba del asunto. De hecho, el actual párroco se quedó perplejo cuando supo que la niña momia existía, porque pensaba que se trataba de un viejo cuento.
El misterio, de todos modos, continúa. El lugar de los hechos, la iglesia de San Lorenzo; el año, 1987. Las obras de restauración en el templo gaditano sacaron a la luz el cuerpo momificado de una niña pequeña. Oculto en una grieta bajo la bóveda de la parroquia, no enterrado, el cadáver estaba envuelto en una esterilla de esparto y llevaba puesto un vestido de encaje, cosido con máquina de coser, medias de lana y zapatos, lo que indica una procedencia social más bien acomodada. Nada se sabe de su identidad. Solo que se data entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Quienes la vieron entonces recuerdan que tenía un rictus de dolor en la cara que resultaba espeluznante.
Según el informe que elaboró en 1999 la profesora Milagros Macías López, la pequeña se encontraba boca arriba, con el hombro derecho más elevado que el izquierdo, y la cabeza girada hacia el mismo, dando la impresión de una postura que se adopta para evitar un dolor.
La teoría más plausible sería que la pequeña padeciera “crisis convulsivas que producen violentas contracciones musculares, que al actuar sobre unos tejidos blandos anómalos o ausentes del hombro derecho, pudieron producir su desarticulación”. 

La Cueva del pájaro azul

La leyenda de la cueva del pájaro azul, en el número 39 de la calle de San Juan existía uno de los pocos sitios en Cádiz dedicado a escuchar cante flamenco. Todo empezó cuando el bodeguero gaditano Manuel Fedriani efectuaba unas obras en un local frente al suyo y se descubrió una enorme aljibe con una gran amplitud de techos. Fedriani tuvo la feliz idea de restaurarlo y hacer un sitio dedicado al flamenco que también funcionara como restaurante.

Por allí desfilaron artistas del flamenco tanto del cante como del baile y el toque, así como aficionados que iban en reuniones para matar el gusanillo del flamenco. Durante un tiempo gozó de una buena clientela, tanto de la ciudad como visitantes, ya que allí se pasaba un buen rato.

El cronista alude a que existía una leyenda sobre un contrabandista conocido por el “Pájaro Azul” y era muy posible que en aquel mismo sitio tuviera su refugio. 

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